Día del migrante

Los desplazamientos humanos, por muy distintas razones y motivos, son una constante en la historia de la humanidad que en las últimas décadas se han masificado en la medida en que las comunicaciones han posibilitado las migraciones en un intento de alcanzar ilusiones, no pocas veces espejismos, de una vida mejor. Dejar la tierra, dejar la familia duele, pero el dolor es mayor cuando la raíz no halla la tierra soñada para brotar en un ambiente extraño y, con frecuencia, hostil.

En este primer domingo de septiembre ha quedado instituido el Día del migrante no sólo como recuerdo hacia quienes un día dejaron atrás su solar, sino como respuesta solidaria de todos para que no les falte hogar, trabajo y justicia. En una lágrima de la dimensión de los océanos se pueden contener esas historias, salobres y amargas, de quienes se ven obligado a emigrar.

``Y si los soñás aquí? y luchamos por un país con trabajo para todos'' es el titular del folleto editado editado por la pastoral social de Cáritas con motivo de la esta jornada. Un hombre joven pensativo, sentado en la entrada de una casa de madera con un bolsón en la mano. Listo para iniciar la imprevisible travesía, la traicionera ruta que, en infinidad de ocasiones, se convierte en el camino hacia el final del arco iris, pero sin color y sin luz.

La emigración de hondureños se ha multiplicado, alcanza cifras que causan sorpresas a quienes se hallen un poco lejanos de nuestra realidad. Basta observar la demanda de pasaportes; suficiente con conocer las estadísticas de los que vuelven; agotadoras las noticias de los que son obligados a regresar.

De acuerdo a la Dirección General de Migración de Guatemala más de 21 mil hondureños han sido deportados de Estados Unidos, México y Belice en los primeros siete meses de este año. Habría que sumar aquellos otros hondureños que han regresado por la vía aérea.

Es un ir y venir trágico que quedó reflejado en la páginas de La Prensa con el trabajo especial realizado hace unas semanas por periodistas de este diario.

Miles de hondureños, como en el resto de los países centroamericanos, no abandonarían su tierra si hallasen oportunidad de trabajo, si las condiciones económicas les permitiese, al menos, la subsistencia, la oportunidad de un futuro para él y su familia lo cual representaría arraigarse más al tronco cultural en el cual han crecido.

Los desplazamientos humanos, sin embargo, son considerados solamente hacia fuera de nuestra fronteras, cuando nuestras ciudades se han convertido en sueño e ilusión de quienes por años se han debatido en las olvidadas áreas rurales. ¿Quién no querrá vivir allí donde hay calles pavimentadas, hospitales, escuelas, luz eléctrica, agua potable...? Las migraciones modernas constituyente la prueba más evidente del desequilibrio, de la gran fisura en la humanidad, de los pocos que tienen mucho y de los muchos que tienen poco. Mientras persista este abismo, las migraciones no serán más que la necesidad de sobrevivencia en un clima de hostilidad y peligroso.

``¿De dónde vienes, para dónde vas? / Vengo de todo lugar, no tengo nombre. ¿Sé lo que es el dolor y el hambre. / Busco tierra, casa, comida, / ¡La vida!''>>